Mi Palacio

El 31 de agosto de 1966, mi tía María del Pilar Fernández Aguilar hizo realidad el ofrecimiento y mientras yo viva no terminaré de agradecer ese gesto de desprendimiento hacia mi persona. Días atrás me había comunicado, su deseo de regalarme una propiedad, situada en Vargas Araya, Montes de Oca, San José. (ver plano)

Croquis #1

Era un lote de un poco más de 600 metros cuadrados, con una casa de madera, de regular tamaño con una distribución según se muestra en el croquis número uno.

Mi tía me dijo que ella se encargaría del arreglo de la casa, porque estaba un poco maltratada y me pidió que le hiciera un dibujo con la distribución que yo quería ya que había que arreglarla para que quedara conforme a mi gusto. Esto se muestra en el croquis número dos.

Inicio de mi vida en el palacio.

Mi matrimonio fue el sábado 30 de marzo de 1968. Al regreso de la “luna de miel”, el sábado 6 de abril, inicié mi vida en esa casa de la cual me enamoré por siempre. Faltaban algunos detalles que personalmente me dediqué a concluir, partiendo del lunes 8, que iniciaba la Semana Santa de ese año. Faltaban de colocar en la cocina, las ventanas y el forro de las paredes, y la pintura de los marcos de las ventanas y las paredes, todo lo cual quedó listo el sábado de Dolores, 13 de abril.

Croquis #2

El lunes 15 inicié mi trabajo en el Servicio Meteorológico Nacional, lo que ya he citado en mi escrito “Una vida de la mano de Dios”. De ahí en adelante, los sábados y días feriados me dediqué a acondicionar un área en un espacio disponible bajando a la planta inferior, y luego, otros dos escalones más abajo.

En ese espacio cementé lo que sería el piso y rodee con láminas de cinc para que fuera el cuarto de pilas y lavadora. Hice la correspondiente instalación eléctrica para que hubiera la electricidad necesaria para la lavadora y la luz. También hice la instalación de la cañería para llevar el agua a la pila de lavado y para la lavadora.

 Un tiempo después tras un robo de ropa tendida, me vi obligado a cerrar con láminas de zinc el área que ocupaba el “tendedero”, ya que la parte de atrás de la casa daba al cafetal de mi tía y era un paso de gente no muy honrada.

También recuerdo que hice la instalación eléctrica para colocar el calentador de agua en el baño. Así como un asiento para colocar el teléfono para que la señora pudiera hablar cómodamente con sus amistades.

El 26 de febrero de 1970, nació mi hijo Rodrigo Antonio. El día de su bautizo hubo una reunión familiar y aprovecho las dos fotografías siguientes para mostrar no solo los asistentes sino para ver cómo era el frente de la casa.

Rodrigo Antonio nos acompañó en el dormitorio por espacio de un año, luego lo trasladamos al cuarto del frente que ocupaba Jorge mi cuñado ya que estaba en la universidad de Costa Rica, a él le servía para asistir a clases y como yo viajaba mucho, también a mí, para que acompañara a mi esposa e hijo..

Fotografía #3

El 24 de junio de 1971 presenté mi tesis de grado, con lo que culminé mi formación universitaria. En la celebración posterior, en mi casa, recibí algunos miembros del jurado, familiares, amigos, y compañeros. Ver fotografía 3.

El 4 de enero de 1973 nacieron mis hijas gemelas, María del Rocío y Ana Lucía, con lo que me vi obligado a buscar cómo agrandar mi casa.

Mi cuñado, casado con mi hermana Doris, Pablo Gorini, quién era Ingeniero Civil se encargó de hacer el diseño.

Mi suegra, Mireya Solórzano, quién conocía al Gerente del Instituto Nacional de Seguros, me acompañó a una cita para presentarle mi situación, y lograr un préstamo con base a una póliza de vida que yo había adquirido unos años antes. El Instituto me financió con 51.400 colones que alcanzó junto 5.000 que adjunté para agregar a la casa una oficina, dos dormitorios y un baño más, la nueva fachada de la casa y cambio de la totalidad del piso para eliminar unos tablones, colocando piso de madera de alfajía. Ver croquis número tres. (ver croquis 3)

Croquis #3.

Mientras se realizaban esos trabajos, nos vimos forzados a trasladarnos a vivir en la casa de mis padres por unos cuatro meses, de marzo a junio.

Y los años pasaron y la familia aumentó en 1975 con Federico José y en 1978 con la última en llegar María Gabriela.

Que cantidad de bellísimos momentos atesoré viendo a mi familia crecer, jugar, hermanarse al máximo (a pesar de pequeñas situaciones de enfrentamiento que hoy son motivo de risas y jolgorio).

Reuniones familiares por cada cumpleaños (que fueron pasando en una forma tan rápida según lo veo ahora, a estas altas edades, y que todavía son motivo de agradabilísimos ratos de unión familiar).

Verlos salir uno a uno, con rumbo a la escuela, después, al colegio y luego a la universidad, ¡son momentos como fotografías en mi memoria de todo lo que pasó en mi Palacio!

Desde el punto de vista de los trabajos de albañilería, electricidad, cañería que tuve que emprender según necesidades de la familia, fueron tantas además de las que ya he citado, que es difícil identificarlas y transcribir lo que la memoria guarda, ya que esto se volvería una narración enciclopédica, por lo que solo citaré unos pocos ejemplos.

Recuerdo que, en los primeros años, en los meses de verano, había racionamientos de agua, por lo que instalé un tanque, en el cielo raso de la oficina, que se alimentaba con la cañería y llegaba a los servicios sanitarios, baños, lavatorios, pila de cocina y lavadora. Para poder tenerlo con el preciado líquido cuando había racionamiento instalé un tanque de mucha capacidad que se alimentaba por la cañería y al estar más bajo que la tubería de suministro en la calle, recogía toda el agua que quedaba una vez que la quitaban. Para lograr subir el agua de este reservorio, mediante un juego de llaves, instalé una bomba eléctrica, que subía el líquido hacia el tanque de distribución ya citado, y problema resuelto, nunca nos faltó el agua a partir de ese momento.

Para las aguas servidas, la casa original contaba con un tanque séptico en el jardín de atrás. Años después, urbanizaron un predio situado al frente de mi propiedad, que había estado dedicado al cultivo de flores de una jardinería. Para lo cual hicieron un sistema de alcantarillado de aguas negras abriendo una zanja muy profunda ya que debían llegar hasta la esquina que estaba un poco más elevada y de ahí bajar una cuesta hasta encontrar el sistema de alcantarillado del río “Los negritos”.

Al ver lo hondo de la zanja, hice mis averiguaciones en Acueductos y Alcantarillados para saber cuál era la profundidad y si yo podría conectar los servicios de mi casa.

Al obtener el permiso correspondiente y habiendo calculado todo previamente, hice la instalación de la cañería y un albañil me construyó el registro en la acera al frente de mi casa y Acueductos hizo la conexión de ahí a la tubería en la calle.

Cuando me jubilé, soñaba con tener un taller para hacer trabajos en madera, que desde el tiempo antes del colegio me encantaba hacer cosas. Fue así como luego de varios intentos en el sótano de la casa, opté por construir una edificación utilizando madera de la finca que me había sobrado de mi colaboración con la casa de mi hija Ana Lucía. Hice la instalación eléctrica y por varios años estuve haciendo trabajos para mis hijos y nietos.

Y… ¿por qué a esa casa la llamo “Palacio”? Porque ahí me sentí como un rey, y pude lograr para mi pueblo, todo lo que estuvo a mi alcance para que crecieran en un ambiente cómodo y se formaran siendo ciudadanos responsables, cultos, buenos católicos y con fuerte formación moral.

Pero todo aquel sueño se acabó cuando, al quedarnos solos, los hijos comenzaron a opinar que debíamos buscar un lugar más seguro, y como la señora estaba de acuerdo pues, para no tener cargos de conciencia posteriores, acepté pasarnos a un condominio en Concepción de la Unión, Cartago. Hoy, no tengo taller, solo cosas pequeñas puedo hacer sin lograr evitar los reclamos por ruido, ubicación o cualquier otro detalle.

Añoro mi Palacio, el que tendré que vender con un sentimiento profundo en mi corazón, pero así como con el otro sueño que tuve, mi finca, que vendí, a la que dediqué 44 años de mi vida, deberé deshacerme de mi Palacio… en que me sentí muy feliz por 50 años.  

Un comentario el “Mi Palacio

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