El armario mágico

Ayer en la mañana, al terminar de ducharme, me dirigí al armario con el fin de escoger la ropa con que me iba a vestir. Abrí la puerta del armario y oh… ¡que sorpresa!, quedé aturdido por un instante…Ahí, esbelta, bella y guapa, de unos 32 años, estaba mi madre. Sí, esa edad era la que tenía cuando yo nací. Me miró con aquella mirada tan dulce como solo ella pudo hacerlo en toda mi vida. Pero además me sonrió con esa sonrisa que siempre me dio tranquilidad y seguridad. 

Siendo niño, ella me corrigió; en la adolescencia y juventud me aconsejó.  Cuando decidí casarme me dio su bendición y me dijo: “Dios te guíe en tu vida, hijo mío”.

Al verla de nuevo, nos miramos unos minutos y quise decirle en aquel momento, algo que me ha martirizado desde hace muchos años. Me llené de valor y al abrir la boca, ella desapareció, dejándome con mis deseos de hablarle de ese sentimiento atormentador.

Recordé los últimos tiempos de su vida, murió de 86 años, cuatro años después de que lo había hecho mi padre. Al irnos sus hijos de la casa materna, quedaron ellos solos y vivieron así 22 años hasta que a mamá se le quebró la cadera. Luego de su salida del hospital los pusimos en una casa de salud.

Ahí cuatro años después murió papá. Ante la pregunta nuestra, a mamá, sobre que prefería hacer, nos dijo que ella estaba a gusto ahí y si se podía ella quería quedarse con las amigas que había hecho en ese lugar. 

Siempre que pude los visité unas tres veces por semana. Al morir papá opté por llevarle a mamá entre otras cosas una cerveza pues sabía que disfrutaría de tomarla de vez en cuando. 

Dos años después sufrió lo que conocemos como “derrame cerebral”, lo que sería el inicio de los dos años más tristes de mi vida. Quedó paralizada de un lado de su cuerpo sin poder hablar, ni moverse, solo escuchaba pero no podía ni  decir por ejemplo,  que tenía sed o que le rascaran la espalda. 

Terribles dos años, que terminaron el 25 de noviembre de 1998, cuando su corazón se detuvo en la madrugada, estando completamente sola. Eso me ha perseguido toda mi vida, ya que no pude estar con ella en ese trance y quise disculparme en aquel encuentro en el armario mágico. Y … ¡no pude lograrlo!

2 comentarios el “El armario mágico

  1. Todos tenemos momentos felices y nostálgicos en diferentes puntos de nuestra vida, escribir sobre eso nos da la oportunidad de expresar lo que hay en nuestro corazón. Me parece un escrito muy bello en recuerdo a mi abuela. Gracias

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