CARTA A MI MADRE

15 de agosto 1965

Querida mamá:

En vista de que mis recursos monetarios me impiden hacerte un regalo material con el cual pudiera yo demostrarte el cariño, amor y gratitud que por ti siento, he decidido escribirte estas cuatro palabras para ofrecértelas el día de la Madre, como un regalo espiritual.

María Herrera

Es curioso que cuando se trata de una persona querida pero digamos corriente, es fácil para uno escribirle y aún hacerle unos versos, sin embargo, cuando se trata de la madre, es tan grande el cariño que uno siente que quisiera poner las cosas y palabras o pensamientos más bellos, de mayor cariño y sentimiento que pudiesen existir; y debido a esto se le forma en la cabeza un nudo de ideas y al fin no se pueden expresar tan bien como se quisiera.

¿Qué te puedo yo decir?  ¿Qué te puedo escribir de tal manera que sientas lo que en realidad yo siento por ti?

Siento el corazón inundado de un raro cosquilleo y hasta se me quiere nublar la vista con un humedecimiento de emoción; tengo una serie de ideas trenzadas en la mente y sin embargo, no puedo transcribirlas al papel.

Los que escriben de forma tal, que sus escritos siempre son bellos, han dicho que: “madre, una sola hay” y a esta frase que encierra una gran filosofía material, moral y espiritual, yo le agregaría, sin ser nada más que un hijo inundado de cariño, por su madre, que “que como tú, ninguna otra hay”. 

En el transcurso de mi vida, he logrado ver las cosas de otra manera a como las vi de pequeño y de adolescente; ahora que me encuentro en una etapa en que ya no soy un adolescente, pero que tampoco soy un adulto en toda la extensión de la palabra, encuentro la razón de las cosas que se me prohibieron, las cosas por las que me castigaron y las cosas que se me permitieron, y es hoy cuando de todo mi ser sale una voz de agradecimiento hacia ti y hacia papá. En ti encontré y he encontrado siempre el calor reconfortante de la madre cariñosa y comprensiva. En papá el ejemplo constructivo del hombre trabajador, recto y… para ser sincero, la voz fuerte que temí cuando hice alguna mala acción. 

Además, de ti, mamá, me he construido tu figura en mi mente, porque has hecho de nuestro hogar, un verdadero edén, un lugar de verdadero cariño y amor, has sido un puerto en los momentos de mi vida en que me he encontrado perdido y siempre he encontrado en ti, el consejo amoroso, desinteresado y útil que me ha hecho encontrar el paso por aquellos momentos que tal vez me parecieron imposibles de librar y que sin embargo, gracias a tu pronta ayuda, hoy los recuerdo como una experiencia más. Has sido el centro de unión de la familia, sabiendo arreglar las dificultades entre unos y otros, aún a costa de tu tranquilidad y haciendo muchos sacrificios. Hemos encontrado contigo, momentos de esparcimiento, oyéndote hablar y contar trozos de tu vida o simplemente chistes, que nadie cuenta con tu gracia y simpatía

Reconozco que has sufrido mucho, te has desvelado en mil y una ocasión por algún problema que nos atañe sólo a nosotros y que sin embargo te has identificado con nosotros y has logrado ayudarnos. Todo esto, madre, hace que hoy te escriba estas letras, porque desde hace tiempo quería decírtelas y aquí las tienes para que no sientas nunca que tus sufrimientos y sacrificios han sido en vano. ¡Todo lo contrario!

Se me regocija el corazón cuando te veo contenta, cuando te oigo reír, cantar o chiflar, ya sea en la casa o en una fiesta… pero también se me ensombrece el corazón cuando estás con algún dolor, o malestar y más aún siento una gran agonía, cuando pienso en el día que por ley natural, nos tendremos que separar.  Sin embargo, no pensemos en eso, hoy, que lo único que quiero es hacerte ver lo que mi corazón siente por ti y por sobre todas las cosas llamarte un y mil veces: “MAMÁ”

Tu hijo:     Rodrigo.

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