Topo

Vengo de una familia amorosa con los animales. En casa de mis padres hubo siempre algún animal fuera, perro, gato, perico y/o tortuga. Hasta un manigordo, que llegó como un pequeño gatito y vivió con nosotros hasta que por su tamaño tuvimos que devolverlo.
Cuando me casé, fuimos a vivir en las afueras de San José. Tiempo después construyeron una escuela, lote de por medio, con mi propiedad. Mis hijos asistieron a esa escuela.
Un día mi hijo, de ocho años, de alguna manera se las ingenió , salió de la escuela, llegó a la casa y tocó el timbre. Cuando mi esposa abrió la puerta, mi hijo, sin darle tiempo a nada, le dijo: “téngalo y espero encontrarlo cuando regrese de la escuela” y entregándole una bola de pelos , llena de pulgas , salió en carrera de regreso a la escuela.
Después nos enteramos que una perra callejera había tenido sus perros bajo la gradería del gimnasio y mi hijo junto a varios compañeros, de repartieron la “camada”. Así apareció “topo” en el círculo familiar.
Todos estábamos contentos con el perrito, excepto la mamá de mis hijos, pero por lo menos no hubo un rechazo total. Su nombre se le dió porque le dió por hacer huecos , en la tierra , atrás de la casa.
Topo creció convirtiéndose en el terror de ardillas, zarigüeyas y cualquier otro animal que fuera sorprendido en el traspatio de la casa.
Solía echarse cerca del portón del garaje, donde la estructura de barrotes de hierro , no le impedían observar quién o qué pasara por la acera y escogía así a su antojo a quien ladrarle, con un tono fuerte que poseía en su ladrido.


Un día, un señor con un perro pastor alemán, atado a una correa, se le ocurrió atojar su perro en contra de Topo. El señor, quizá pensó que el estar al otro lado del portón, el asunto no pasaría del ruido de un poco de ladridos, y luego de un ratito siguió su camino.
No conocía a Topo. Éste estaba tan furioso, que de alguna manera se salió y corrió hasta alcanzar al señor y su perro. De seguido se armó un pleito que terminó el señor soltando la correa. Su perro quedó con una herida grande en el pescuezo y el cuerpo con trazas de sangre por todas partes. Por supuesto, Topo también tuvo que recibir algunos mordiscos, pero con la huida de su oponente no pasó a más.

Un tiempo antes una cuñada nos dió una perra , porque ella no podía tenerla más en su casa.
Con ella Topo tuvo su descendencia con varias camadas.

Topo partió tristemente de este mundo envenenado.
Disfrutamos su compañía por varios años.

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