Cirilo
Doña Eulalia tenía 38 años, cuando quedó embarazada de su primer hijo.
Vivía en una pequeña población de obreros cuya mayoría eran empleados de una central eléctrica nuclear, situada relativamente cercana al pueblo. Ricardo, esposo de doña Eulalia trabajaba ahí. No había transcurrido ni un mes de conocer la noticia del embarazo cuando un lamentable accidente en la central eléctrica liberó una gran cantidad de radiación y provocó un intenso incendio que mató a varios servidores, entre ellos a Ricardo.
Fue tan intensa la fuga radioactiva, que el gobierno se vio obligado a cerrar permanentemente la central eléctrica y a trasladar a todos los habitantes en un radio de 25 km a unos albergues provisionales. Entonces, el poblado donde vivía Eulalia tuvo que ser evacuado y las casas destruidas.
Se comprende fácilmente que su vida sufrió un cambio inesperado. Viviendo en ese albergue se cumplió el tiempo y nació un niño anormal, para ser exacto un pequeño monstruo ya que tenía una cabeza redonda y grande, un tronco pequeño cubierto de pelos, sus brazos largos con manos pequeñas y garras afiladas, sus piernas muy cortas con pies grandes y redondos, un ojo en medio de la cabeza, orejas puntiagudas. La nariz con orificios cuadrados y su boca con dientes afilados.
Eulalia pensó, viendo aquel niño tan horrible, que el no tenía la culpa y se dedicó a él con todo su amor. Lo bautizó llamándolo Cirilo y lo cuidó haciéndole esa ropa tan especial que necesitaba, recortándole las uñas entre otras muchas muestras de cariño.
Pero las cosas comenzaron a ir mal, porque primero los más cercanos y luego todos los que habitaban en el albergue se burlaban de ella y de Cirilo, por lo que sólo salía de la habitación para retirar los alimentos que entregaba de forma gratuita el gobierno.
Pasaron así cuatro años hasta que el Estado dijo que ya no habría más suministros y que cada uno debía buscar como ganarse la vida. Entonces sin apoyo económico y asediada por la gente se vio obligada a irse a la montaña y ver cómo podía rehacer su vida. Caminó hasta encontrar una cueva en una ladera cercana a un río y ahí se estableció.
Se alimentaban con frutos y hojas que la montaña les suministraba. Cirilo aprendió a pescar en el río gracias a las uñas largas que su madre no le había vuelto a recortar porque había extraviado las tijeras que utilizaba para ello.
Dos años más tarde Eulalia se sintió mal y le era cada vez más difícil buscar alimento, por lo que Cirilo debía tomar esa labor. La poca gente que pasaba por aquella localidad se encargó de correr la voz de que un monstruo vivía en aquella montaña.
Pocos meses después Eulalia falleció victima de diferentes tipos de cáncer provocados por la radiación a la que estuvo expuesta seis años antes. Dejó instruido a Cirilo que al morir lanzara al río su cuerpo y que no se preocupara más porque la naturaleza se encargaría de qué hacer con su cadáver.
Cirilo quedó solo y ya nadie se atrevía a pasar por aquellos lugares en los que en una cueva vive un monstruo terrible…
Esto ha sido el resultado de un curso en que la profesora nos dijo que con la descripción del monstruo, que ella nos suministró, debíamos de hacer un cuento y esto fue lo que hice. No es mi estilo favorito de escribir, pero debía cumplir la tarea.
Gracias por leerlo.
El autor
