UNA BREVE PERO LARGA HISTORIA
15 DE SETIEMBRE 1962
Primera vez en muchos años, que no tenía que desfilar porque ya era «universitario». Son las nueve y media de la mañana y llega mi primo Edgar Chamberlain a mi casa en calle 19. Ante la pregunta: ¿Qué vamos a hacer?, nos ponemos de acuerdo en ir a ver muchachas al desfile, por lo que tomé la cámara fotográfica y nos fuimos por la avenida 6 hasta el Paseo de los Estudiantes, en donde decidimos cambiar a la avenida 4 para llegar a la Catedral, donde encontramos el grueso del desfile. Luego de observar por un rato el paso de varios colegios, pasamos al Parque Central y caminamos hacia la avenida 2, adonde estaba el Colegio de Sión, que ocupaba casi la cuadra completa. Nosotros nos movimos lentamente hacia el oeste, mientras veíamos y admirábamos las integrantes de ese colegio. De pronto, frente al cine Palace, una muchacha que nunca había visto antes, llamó mi atención por su garbo, ojos, peinado entre otros atractivos, mientras sentía un escalofrío recorrer mi espalda y una voz interior me dijo: «Esa es». ¡Quedé prendado de ella!

Terminó el desfile y caminamos Edgar y yo hacia la Avenida Central y tomamos la acera derecha hacia el este, al llegar a la calle 1, noté que en la siguiente cuadra, en la acera de la izquierda, frente a una zapatería cercana a la Librería Lehmann, estaba ella hablando con unas amigas. Sin pensarlo mucho, me acerque por detrás, con la cámara lista, las amigas que me vieron algo le dijeron y ella volvió a ver y … «click» tomé la foto.
Por ese tiempo había conocido a Orlando Calvo Fallas (QEPD) y logramos una gran amistad, por lo que acostumbrábamos salir los fines de semana, en compañía de otros amigos, para asistir a fiestas o hacer paseos, usando el automóvil de su papá. A principios de octubre de ese año 1962 Orlando nos informó: «el próximo sábado, va a haber una fiesta de quince años, de una prima mía, en mi casa, y están ustedes invitados, por mí, para asistir».
Llegó el sábado señalado, y cuál no sería mi sorpresa, al abrir el periódico, que la prima era precisamente la persona que yo había visto en el desfile. Ya había, yo, revelado las fotografías y tenía su foto, por lo que me propuse entregársela en la fiesta. Debo indicar que en las ocasiones en que la había visto posterior al suceso narrado, en la Garza o en algún baile, ella siempre me había vuelto la cara o bajaba la vista para hacerme saber su desagrado por mí.
Fue inolvidable su gesto de desaprobación cuándo me vio en la fiesta. Pasado un rato en que no le quité la vista de encima, mientras ella bailaba con sus amigos, decidí sacarla a bailar, y explicarle la razón de mi presencia ahí y le entregué la fotografía.
En otras oportunidades, seguí intentando hablar con ella pero fue muy difícil. Orlando, que conocía la historia del desfile, ya enterado que su prima era la que yo había visto, me llevaba en el carro, a pasar por la calle en donde ella vivía y la veía en el corredor de la casa de una de sus amigas. Pero también, en algunos bailes, finalmente logré volver a bailar con ella.

Ya con la relación un poco más cercana, las amigas organizaron un baile en la casa de Olga Echeverría, costado norte de la Escuela Juan Rafael Mora, entre semana, con una finalidad ¡muy clara!
Luego de esperar una pieza romántica, porque sólo tenían música de Enrique Guzmán, finalmente apareció don Pedro Vargas y al ritmo de «Perfidia»(aunque la letra no fue la mejor, para el momento) le declaré mi amor y le pedí que fuera mi novia, y ella… ¡aceptó!. Eso ocurrió el 20 de febrero, ¡hoy hace 58 años!
¿Por qué breve? Del 15 setiembre al 20 de febrero hay 5 meses y 5 días. Y ¿por qué larga? , porque del 20 de febrero de 1963 a hoy ¡son 58 años! Ha sido mi esposa a partir del 30 de marzo de 1968, con un saldo, digno de destacar, de 5 hijos, (tres mujeres y dos hombres) y nueve nietos, (cinco mujeres y cuatro hombres)
