EUGENIO ESTUVO EN JUPITER
Publicado en el Facebook de Monumento Nacional Casa Alfredo González Flores el 14 de octubre de 2021
Me encuentro con mi amigo Eugenio un miércoles, y viendo su cara de preocupación le pregunto: «¿Te noto preocupado, que te ha pasado?»
-Mirá, me fui a echarme unos tapis, el sábado pasado, en la cantina El Planeta, yo nunca había estado ahí, pero vieras que cosas tan raras me pasaron. Después de la primera cuarta, el cantinero, a quien llamaban Marciano, me preguntó que si ponía otra y le dije que sí. Cuando la segunda llegaba a su final, estaban dando por la televisión uno de los capítulos de la película Star Wars, y le hice al cantinero un comentario que ni me acuerdo que fue, pero él me preguntó que si me gustaría ir en nave espacial a algún planeta, y yo le contesté que sí. De seguido me dijo que él podría llevarme a Júpiter, muy rápido.-«¿Cómo es la vara?» le pregunté al cantinero y me dijo:

-Tiene que pasarse a los Reservados- Señalándome unas mesas con cortinas que tenían motivos planetarios impresos. -Pues probemos esa vaina, pero tráigame otra cuarta para ese viaje- le contesté dirigiéndome a los reservados. Una salonera, a quién llamaban Estrella, me abrió las cortinas y me senté. Marciano, con la tercera cuarta y un plato de bocas, se sentó a mi lado y Estrella se sentó en una silla individual separada de la mesa, pero a un lado. Cerraron las cortinas y comenzamos a movernos como en un metro. Ella manejaba a altas velocidades por una especie de tubo grande, subterráneo y en unos pocos minutos nos llevó hasta una especie de cráter pero en la parte de abajo.
-Este es el Volcán Barba, como está extinto, ahora es una base interplanetaria- me informó el cantinero.
Nos bajamos y llegamos a un lugar en donde estaba el cohete que nos llevaría a Júpiter. Y luego de subirnos, en medio de un gran estruendo despegamos. En medio del viaje, la cara del cantinero cambió a un color amarillo y su cara se transformó, la nariz se hizo grande y gruesa, sus orejas se alargaron y sus ropas eran como de metal. Igual pasó con la conductora del cohete.
Al llegar a Júpiter, me di cuenta que es un lugar gigantesco, con gente grandísima y edificios increíblemente altos. Y todos con la cara amarilla, nariz grande y gruesa, y orejas grandes, como mis compañeros de viaje.
-Viera que buen licor hacen aquí- me dijo Marciano.
-Pues vamos a probarlo- respondí decididamente.
Pero teníamos que ir a un cajero a cambiar por Jupidólares, y al llegar comenzamos a tratar de meter la tarjeta, pero no servía y sonaron las alarmas, por lo que rápidamente llegaron los policías en una patrulla que flotaba en el aire. Me arrestaron y me di cuenta que Marciano y Estrella ya no estaban.
Ni te cuento la cara de mi esposa, cuando llegó con Sergio, mi primo el abogado, a sacarme de la «chirola». Estoy en un juicio porque traté de sacar plata del cajero quebrando el vidrio y con mi cuchilla sacar dinero. -¿Pero eso fue una buena borrachera?- le respondí a Eugenio. Puede ser mae, pero lo que me preocupa es ¿cómo regresé de Júpiter? ¿Llegan las patrullas de Costa Rica hasta allá?
Luego de asistir, virtualmente, a dos talleres denominados: «Cuentos y Memorias» y «Sigamos escribiendo», de una duración de ocho semanas cada uno, es mi deseo dejar constancia,a quién pueda interesar, de algunos pormenores de los citados talleres.
Fue impartido por tres responsables jóvenes, estudiantes de la carrera de Filología Española de la Universidad de Costa Rica, cuyos nombres me complace en citar: Fernanda Arce, Natalia Ramírez y Alberto Solórzano. Quienes nos guiaron a varios adultos mayores, motivándonos a seguir escribiendo. Nos ofrecieron, en las lecciones de los sábados, información de mucha calidad y bibliografía de actualidad.
Con suma paciencia atendieron nuestras consultas, revisaron nuestros escritos, corrigiéndolos y haciendo sugerencias muy atinadas para mejorarlos. Tuvimos la oportunidad de conocer y practicar otras formas de escritura como el tema fantástico, poemas de diverso tipo, y cuentos infantiles, entre otros.
Su trato para nosotros fue siempre respetuoso y muy cordial.
Personalmente, antes de los talleres, mis escritos versaban casi exclusivamente en recuerdos familiares, con los talleres me aventuré en otros campos. Soy adulto mayor de 77 años, Ingeniero Agrónomo, jubilado de la Universidad de Costa Rica, con el grado de Catedrático, y disfruté mucho el esfuerzo de los citados jóvenes profesores.
Deseo también dejar constancia de mi agradecimiento a la Casa de la Cultura Alfredo González Flores por su apoyo a este tipo de actividades. Muchas gracias.
RODRIGO FERNÁNDEZ HERRERA
