SÁBADO EN LA TARDE

Es sábado 11 de mayo del 2002, estoy en el corredor de la casa de la finca Las Dríadas, situada en el caserío Santa Marta, del distrito de San Lorenzo, del cantón de Tarrazú, de la provincia de San José.
Me dispongo a almorzar, luego de haber caminado por la finca y recolectando las frutas de los árboles de limón mandarina, grape fruit, limón dulce, limón cidra y mandarina.

Para almorzar he preparado un guacamole, pero creo que se me pasó la cantidad de cebolla…Y estoy listo para comenzar y en eso me doy cuenta del ambiente tan agradable que me rodea y no puedo impedir ser arrastrado por los recuerdos y me cuestioné: ¿Qué he hecho en un sábado por la tarde?
Fue así como me veo, sentado en un banco, al extremo del “molendero” de la cocina de mamá mientras afuera llueve a cántaros, pero como es sábado en la tarde, mamá y papá, acaban de regresar del mercado. Me han comprado un maromero de madera, de fuertes colores azul, amarillo y rojo, el cual sostengo y hago mover con la mano izquierda, mientras que con la derecha me llevo a la boca varios granos de maní, tomados de un puñito que papá ha ido pelando para que yo me los comiera. Debo tener unos cinco años, tal vez menos…

Hoy es otro sábado por la tarde, y cumplo ocho años y me lo están celebrando, con una fiesta con queque hecho por Tía María, y helados con barquillos, bolsa de confites y galletas. No faltan los palitos de queso, de Tía, ni los rosquetes. Me han regalado ropa y algunos juguetes de los cuales destacan dos aviones de armar que me regalaron los Gutiérrez Saxe. Todos me siguen, vamos a mi cuarto y nos ponemos a armarlos. De la carrera no quedan de lo mejor, pero ya están armados. Como es julio, no llueve mucho, por la canícula y nos vamos a la calle a jugar.

Hoy es otro sábado por la tarde, estoy en la finca Pizote, al noreste de Tres Ríos, de temporada, prácticamente estamos todos los primos, en el portón, esperando que llegue mi tío Alfonso, quien bien de su finca en Ojo de Agua, y posiblemente traiga frutas. Mientras esperamos se hace una guerra de terrones, tomados de los montones, que han dejado los tractores que están arreglando la carretera. Los primos mayores, forman dos bandos, y los menores quedamos atrapados entre el sinnúmero de terrones que surcan el aire. De pronto vuelvo a ver en el momento en que un gran terrón se estrella en mi frente y se deshace dejándome momentáneamente sin ver nada. Inevitablemente me salen lágrimas y se me forma una máscara de barro en los cachetes pero la guerra sigue y hay que tirar…, hasta que se oye el motor de la camioneta de Alfonso. Entonces algunos cierran el portón y al llegar éste, se ve obligado a detenerse, momento que utilizan para subirse atrás y comenzar a tirar hacia afuera las frutas que luego son aprovechadas…
Hoy, sábado por la tarde, me veo montado en un Mercury convertible, año 1953, color verde. Sirvo de “moscón” a Quique y Clara. Como muchos otros sábados los acompaño a pasear y la verdad es que me gusta mucho, disfruto del radio, en donde oímos las canciones interpretadas por los Bribones, los Dandys, Pedro Vargas, y los Panchos, entre otros. Además he conocido bastantes lugares, ya que casi siempre los acompaño, aunque mi primo Arnoldo, con cierta frecuencia me quita el campo. Hoy hemos tomado la carretera a Atenas, y al llegar a la intersección de la calle que conduce a Turrúcares, Quique, ha decidido entrar y aunque al principio la calle de tierra y piedra se veía en buen estado, hace rato avanzamos muy lentamente, sorteando los huecos y las grandes piedras. La pregunta de “¿Cuánto faltará?”, ya no recuerdo, cuántas veces la hemos hecho, hasta que nos encontramos con un peatón, a quien Quique le pregunta, si falta mucho para Turrúcares, a lo que contesta: “ya casi llegan, ahí a la vueltica está. Debo decirles que hace como quince minutos pasó eso y no sé cuántas curvas hemos pasado, pero, de pronto un gran golpe nos detiene y Quique se baja y ve con preocupación que el “carter” está reventado. En una casa vecina consigue un poco de jabón azul y se lo pasa por el punto donde pegó la piedra y con eso regresamos hasta Alajuela en donde soldaron la pieza dañada. Nunca llegamos a Turrucares, nos quedamos “ahí no más, a la vueltica”…
Hoy, sábado por la tarde, estoy en una casa, situada 50 m este, de la esquina noreste, de la plaza González Víquez, en un baile de compañeros del Liceo, con un grupo de muchachas del colegio Señoritas. En realidad, no conozco a ninguna, y me siento un tanto incómodo, veo bailar y no participo por un largo rato, hay algo en el ambiente que me impide estar a gusto, finalmente una muchacha se acerca y conversamos, esto me da confianza y al rato, le digo que si quiere bailar, bailamos un par de piezas pero en eso avisan que ha terminado el baile y me retiro con rumbo a mi casa…

Hoy es sábado por la tarde del mes de diciembre de 1961, y estoy sentado con mis compañeros del Liceo, en el Paraninfo de la Universidad de Costa Rica, en Barrio González Lahmann. Es el Acto Público en que vamos a recibir el título de Bachilleres en Ciencias y Letras. En realidad, la emoción nos embarga, más de ciento cuarenta compañeros, logramos aprobar las pruebas que se realizaron unas semanas atrás. De la emoción ni puedo concentrarme en las palabras que ha dicho el Director del Liceo. Comienzan a llamar…, como pertenezco al Quinto A y mi apellido comienza con F, rápidamente me llaman y mi sorpresa es que me entregan además el título de Mecanógrafo, con lo que me siento muy contento y lo muestro a mamá y papá que están en el recinto. Una etapa más en la vida, cumplida…
Como en múltiples ocasiones, como es sábado por la tarde, estoy sentado en un recinto de la Universidad de Costa Rica, haciendo un examen, en esta ocasión, de Química Analítica, y como he dicho “en múltiples ocasiones”, porque en la universidad es corriente que se hagan los exámenes el sábado en la tarde. Pero este es un examen diferente, guarda una singular importancia, ya que si lo apruebo significará que he concluido el plan de estudios y me egresaré y podré graduarme como Ingeniero Agrónomo.

Es el último examen, espero… La materia se me ha hecho difícil y la estoy cursando por tercera vez, lo peor es que de tanto estudiar lo mismo, creo que no me concentro lo suficiente, pero sin embargo, insisto, estoy con buen ánimo y comienzo a contestar, pasa la primera hora y no me he dado cuenta sino es porque un compañero de atrás me pide que le deje ver mi examen. Pobre, pienso… si supiera a quién se lo está pidiendo… pero disimulando, me estiro y aprovecho, para ver a través de la ventana los árboles que están dorados por el sol de la tarde, me dejo embelesar por el magnífico cuadro que me ofrece la naturaleza, pero de pronto con sobresalto, veo la hora y continúo. Termino el examen y salgo rápidamente, me voy para la casa…creo que esta vez sí pasé. Respiro hondo y siento el frio de la tarde entrar en mis pulmones. Sonrío…
Hoy es un sábado por la tarde especial, único, 30 de marzo de 1968, estoy en el Pizote, pero en la finca de Chico Sáenz, a quién en días pasados le he solicitado que me preste la casa de la finca para pasar mi luna de miel, así es, me he casado con Mimi en horas de la mañana en la Iglesia de Nuestra Señora de Luján y luego de una magnífica fiesta en el Hotel Presidente, Salón Dolphins, hemos pasado, por la Feria de las Flores , en el Parque Nacional, a comprar algunas cosillas y mis cuñados Carlos y Jorge, nos han traído aquí, pero no se han ido, más bien han pedido un trago y se han sentado, con nosotros, a conversar… La tarde luce esplendorosa, grandes “altares” de nubes típicos del mes de marzo, al oeste de San José (cuya vista se aprecia desde el balcón de la casa), permiten el paso de algunos rayos del sol y la vista es impresionante. Finalmente los cuñados se van. Y ya no les cuento más…

Hoy es sábado por la tarde, son como las cuatro, venimos de pasear por la zona de Orosi, hemos pasado a orillas del Reventazón haciendo presas en los canalillos laterales que hace la corriente y tirando piedras, almorzamos a orillas del río y la hemos pasado bien, pero ahora estamos en POPS de Curridabat donde he detenido el microbús Mazda, para invitarlos a un helado, nos bajamos y viendo a Rodrigo Antonio, María del Rocío, Ana Lucía, Federico José y María Gabriela junto con Mimi, disfrutando de lo que han pedido, me siento realmente feliz…
Pero, el grito alarmista y sonoro de una piapia, me saca de mis pensamientos y veo el guacamole y el vaso, con Pepsi, con el hielo derretido, pruebo el guacamole que me parece excelente, el exceso de cebolla en realidad no se nota y me pregunto: ¿cuántos sábados he vivido? Por curiosidad, busco un papel y hago los cálculos, el resultado es sin contar este sábado, ni los catorce bisiestos, tres mil uno. Gracias a la piapia porque si no todavía tendría más cosas que contar, algunas alegres, otras tristes, otras tensas, pero en fin dejémoslo así.
