ESTADÍA EN PUNTARENAS

Llegué al aeropuerto La Chacarita a las 5:45 de la mañana, me bajé del avión junto con tres pasajeros más, el resto de los pasajeros seguía para Guanacaste.
Comencé a caminar por la carretera y cuando iba ya bastante adelante, empezaron los primeros rayos del sol a dejarse ver en la lejanía, por lo que me quité la “jacket”. Al rato me encontré con una cabina en donde estaba un guarda y le pregunté:

–“¿aquella estación que se ve allá es Carrizal?”, y él me contestó: –“sí señor, aquella es”,
–“gracias”, contesté yo.
Una vez llegado a la citada estación, me volví solo ojos para encontrar, dentro del montón de cabinas, la camioneta de Alfonso, que me indicara adonde estaban veraneando. Rápido la encontré y entré en el corredor de la misma, encontrándome de frente con Edgar, que en ese momento venía levantándose y con los ojos chinos.
–“Diay maje” fue su saludo,
–“Quiubo” fue el mío,
intercambiamos varias frases mientras él abría una pipa, y sin preocuparse por ofrecerme una, se la tomó, y siempre conversando me dijo que estaban durmiendo ahí, me contaba eso cuando llegó Hugo, su padre buscando el sombrero, lo saludé y en eso oí:
–“Rodriiiiigo”, era mi hermana Doris, la cual me llamaba desde la parte de arriba de la casa, subí y su atento saludo fue:
–“diay bestia, hace un rato oí el avión y me dije: ahí debe de venir Rodrigo, pero tenía tanto sueño que me volví a dormir”.
–¿Cómo están allá? ¿Y Mitzi? (su perra).
Ahora me pongo a pensar:
–“necia para preguntar por mí “Jejeje.
Una vez levantados todos, desayunamos y nos fuimos al muelle, (“muey” en idioma vernáculo) con Alfonso y Teresa para hacer compras. Una vez llegados allá, nos apeamos y nos dirigimos a la iglesia, porque casi nadie de nosotros, la conocía (Doris, Ligia y Macha con pantalones y Arnoldo con “shorts” ¡Que figuras! Jajaja.
De ahí al mercado, encontrándonos con que Alfonso nos había dejado, y salimos corriendo a la panadería, donde afortunadamente lo encontramos, al rato, nos fuimos a una bomba de gasolina, para además de echar gasolina al vehículo, revisarle, también, una llanta y ahí nos dimos cuenta que faltaba Edgar, que no había querido ir con nosotros a la iglesia. De la estación de gasolina regresamos a la cabina y ya casi cuando llegábamos nos detuvimos para recoger al perdido.
Una vez llegados, nos metimos al mar hasta las 12. Una vez llegada esa hora, fuimos a almorzar y estábamos en eso cuando a Alfonso se le ocurrió llamar a las gallinas, ni para que lo hizo, todos comenzamos a reírnos porque la forma en que atraía a las aves no se parecía al “pio, pio, pio” que conocemos todos, sino que era una especie de berrido o algo parecido (lo extraño, es que quién sabe qué les diría, porque el piuuu, piuuuuu, les encantó). Una vez terminados todos de almorzar unos se fueron a dormir la siesta (Puncho, Doris y Ligia), los demás nos quedamos esperando a que la digestión fuera hecha para irnos al mar otra vez.

En la tarde llegaron Chico Sáenz y Florita, y en la noche, antes de comer, nos dieron un “traguito”, pero yo preferí una cerveza extranjera, porque el whisky me cae mal. Después de comida, fuimos a San Isidro a ver bailar, he de hacer un paréntesis de retroceso para recordar que en la tarde Arnoldo y yo fuimos al mismo lugar, en San Isidro, y nos encontramos con unas jóvenes, de las cuales una me llamó la atención por ser muy bonita. Volviendo al punto en que estaba, una vez llegados, vi al grupo de muchachas de la tarde sólo que en menor número, y una de ellas era la de la tarde, y el tiempo que estuvimos ahí no hice más que darle “cuerda”, a lo que ella correspondía, por lo que me duele no haberme ido a la temporada con más tiempo, tal vez hubiese podido llegar a que alguien me la presentara, bueno, que se va a hacer, de todas maneras recordé que lo que estaba en San José era lo que contaba. Regresamos cerca de las once de la noche, nos acostamos tranquilamente y al día siguiente el mismo itinerario de Alfonso (a las 9 y 2), al mercado, en donde todos efectuamos las compras de lo que pensábamos llevar a San José, luego pasamos a comprar agua Canadá Dry (lo mejor que hay agua Canadá Dry, lo mejor de lo mejor para brindar con su licor, agua Canadá Dryyyyyy), tras lo cual regresamos bañarnos en el mar, hasta las 12 de nuevo, y lo mismo, siesta, etc.
Cerca de las 3 y media de la tarde llegaron Hugo hijo, y señora e hijo, Manuel mi hermano y Macho (Henry Chamberlain). Manuel y Macho se fueron a bañar mientras el resto, sentados en la playa en la parte seca devorábamos dos sandías.
En la noche, de nuevo, antes de la comida el trago para unos y la cerveza para mí. Después de comida a San Isidro, no perdón, miento, primero a Puntarenas con Chico en el Volkswagen el Paseo a comernos un “Churchill”. Aquí he de hacer mención de que a Chico se le ocurrió decir que el pagaba la mitad de lo que tomáramos con tal que fuera menor de un colón, y como casi nadie llevaba un colón entonces con la mitad y lo que ponía Chico, se completaba el peso, por lo que todos pidieron el citado fresco, total, tuvo que pagar cinco colones porque íbamos diez. Él mismo nos llevó a San Isidro en donde había más gente que en San José (¡uno muy exagerado!) y por supuesto no había de faltar la muchacha, ahí estuvimos hasta las diez y diez, para luego volver a la casa.
Al día siguiente después de almorzar, partimos hacia San José y los dos únicos sucesos que ameritan citarse fueron: un estallonazo de llanta a la cuál tuve que cambiar yo sólo y el otro que duramos casi cuatro horas. ¡Ah choferes por Dios Santo!
Esto lo escribí como práctica del curso de Mecanografía en 1959 y aprovechando los pasajes de mi vida en esos años. Decidí dejarlos sin revisión de ortografía y redacción por ser los primeros intentos de escritura. Les solicito su comprensión al respecto. ¡Muchas gracias!
