PRIMER VIAJE A LIMÓN
Luego de muchos años de pedirle a papá que me llevara a Limón, ya que yo quería conocer el mar Caribe, y más del país y del ferrocarril, encontrando siempre evasivas y negativas, el 19 de Julio de 1958, como regalo para mis 14 años, papá consiguió la manera que fuéramos él y yo solos. Nos montamos en el Pachuco y a las 12:20 pm, iniciamos el ansiado viaje a Limón. Las locomotoras ya eran de diesel y nos llevaron la 38 y la 39. Claro, lo que más ansiaba era llegar a Turrialba, porque de ahí en adelante era lo desconocido. Las dos horas y resto se me hicieron más largas de la cuenta.

Cuando llegamos a la campiña azucarera como le decían a Turrialba, y ver toda la actividad de trenes que había en el patio, en donde habían otros dos trenes extras con destino a San José, recuerdo a la 44 y 45 que llevaban siete carros cajón, tres rojos y cuatro plateados y un cabús amarillo. Estaban también la 34 y 37 con un tren de carros planos que llevaban unos automóviles, jeeps y pickup, y dos carros ganaderos.
El viaje continuó y pasamos por Aquiares, Azul, Piedras de Fuego, y comenzó el tren a descender hasta encontrar la margen izquierda del río Reventazón, en la estación de Torito. ¡Qué panorama más inolvidable! ¡Y todo lo que faltaba por ver! De ahí a Peralta, otra estación importante, con un patio bastante grande con varios apartaderos en el que había una cantidad de carros cajón, planos, con tucas unos y otros vacíos, carros tanques, ganaderos, cabuces, y una locomotora(la 42), que estaba acomodando los carros en el patio. Después de una pequeña parada, reiniciamos viaje y luego de un trayecto corto llegamos a un túnel, pasado éste, vimos una estación llamada Tunnel Camp que tenía un apartadero, pero vacío. Casi de inmediato entramos a otro túnel, ¡qué emoción! Dos túneles en tan corto trecho. Seguimos adelante y quiero señalar que siempre después de Peralta, llevábamos el río Reventazón a nuestra derecha, con lo cual uno iba observando la naturaleza y la belleza de este río. Pasamos las estaciones de Casorla, Pascua, Las Lomas, y Florida sin detenernos. Recuerdo que poco antes de llegar a la estación de Las Lomas pude observar, a la izquierda, la entrada de un túnel abandonado. Según parece lo habían construido y era el más largo pero un derrumbe justo en la entrada Este, lo sacó de operación y construyeron la vía por fuera.

Llegamos a un sector en que la montaña del lado izquierdo del tren y el río en la parte derecha dejaban un pequeño espacio para que el tren pasara por ahí. En este punto el río parecía enfrentar directamente la base del talud que sostenía la vía. Papá me dijo en ese momento:
–“ya llegamos al Codo del Diablo”.
Me sonó siniestro el nombre y la forma como me lo dijo. Luego me explicó lo que había sucedido en ese lugar en 1948. En un corto trayecto más adelante, apareció a nuestra vista un puente muy grande y luego de una curva a la derecha, entramos en el majestuoso puente sobre el Reventazón. Y llegamos a la estación de La Junta, en donde nos esperaba la locomotora 35 en un apartadero con otro tren de pasajeros, que papá me indicó que era el tren que iba para Guápiles. Gran cantidad de gente se bajó de nuestro tren y se montó en el otro. Al cabo de unos minutos reanudamos viaje y luego de un corto trayecto llegamos a un patio enorme con gran cantidad de trenes y carros de todo tipo, a la derecha del tren se veía un taller con algunas locomotoras en reparación, pero no me fue posible ver cuáles eran.
Habíamos llegado a Siquirres, la estación más importante de la vía a Limón. Gran cantidad de personas bajaron del tren y otros que estaban en el andén de la estación se subieron. ¡Realmente impresionado de aquel lugar! Salimos de Siquirres y pasamos un puente a la salida del patio, y un poco más adelante otro puente impresionante, sobre un río llamado el Pacuare, con aguas turbulentas de un color azul verdoso, muy bonito. A la salida del puente la linea hace una curva a la izquierda y luego otra a la derecha y se continúa en tramos más rectilíneos pasando por Pacuarito, Monte Verde, Cimarrones, Rio Hondo, Madre de Dios, Waldeck, Bataan, Matina y Estrada.
En esta última estación el tren se detuvo unos momentos, la misma está como en una “Y griega” porque le llega una línea por la derecha y nuestro tren tomó otra a la izquierda, papá le preguntó al conductor de dónde venía esa otra línea y nos explicó que era lo que se conocía como la línea de Zent, (de la Northern) y que nosotros tomaríamos la línea de Saborío del ferrocarril de Costa Rica y que ambas líneas se vuelven a unir en lo que se conoce como Empalme Moín, cerca de Limón. Nos movimos nuevamente y el tren toma una velocidad notoria y en una línea prácticamente recta, pasamos por una estación, a la derecha, que da el nombre a la línea Saborío, que es una finca grande.
Al final de la recta, hay una curva a la derecha, y se inicia otra recta que corre a lo largo de la costa, por lo que es posible ver, a la izquierda, una agradable vista del mar Caribe, realmente impresionante .Pasamos por Empalme Moín Un puente más sobre el río Moín y finalmente llegamos a Limón. ¡Qué patio más grande!, qué cantidad de carros cajón, planos, tanques, etc. Dos máquinas de patio la 5 y la 2. Llegamos a la estación y nos bajamos. Pasamos por el costado del parque Vargas, y buscamos dónde hospedarnos esa noche. Conseguimos campo en el Hotel Costa Rica. Dejamos las cosas y nos fuimos a conocer el parque, el muelle, el tajamar y hasta pasamos por fuera del hospital para conocerlo. También pasamos a la orilla del taller del ferrocarril, en donde se veían algunas máquinas de vapor como la 57. Comimos en un restaurante chino y fuimos un rato al muelle a ver el movimiento de descarga de unos barcos y a la gente pescando sentada en el muelle. ¡Qué bellos recuerdos!
Luego de un día tan importante nos fuimos a dormir porque al día siguiente regresábamos.
Luego del desayuno, regresamos en el tren que partió de Limón a las 8 de la mañana. Llegamos a San José a las 4 de la tarde. Un viaje espectacular e inolvidable.





