OTROS VIAJES

Resulta, que al casarme con Mimi, y por el trabajo de mi suegro, hicimos muchos viajes en tren, con mis hijos y con ellos, a Puntarenas o a San Isidro de Puntarenas. Cuando ya casi nadie viajaba a San Isidro, fuimos en dos oportunidades, atendiendo una invitación de nuestros amigos, Fernando y Rocío Hangen, para pasar con ellos en la casa de la playa que don Guillermo Hangen, el papá de Fernando tenía allá.

También en otra oportunidad fuimos a la casa de la suegra de mi compañero del Tribunal Fiscal, Franklin Tiffer, que dicho sea de paso en esa oportunidad regresamos en el cabús por influencia de mi suegro que fue reconocido de inmediato por el personal del tren. También los llevé a Cartago, Limón y a la llamada “Nueva Línea Vieja”. Y es precisamente este viaje el que quiero narrarles en este capítulo. 

Resulta que en el gobierno de don Rodrigo Carazo, se modernizó el ferrocarril, reconstruyendo la vía desde Río Frío hasta Limón aprovechando la antigua línea vieja. Fueron 120 kms, bajo 25.000 voltios, que incluía la línea principal entre Limón y La Junta. Este proyecto incluyó la construcción del puente ferroviario más largo del país, sobre el río Chirripó.

Y conocer ese puente se me hizo una obsesión, pero el problema es que yo quería llevar a mis hijos y mi esposa para que conocieran el puente y la única manera de visitarlo era en tren y el único tren de pasajeros que viajaba a esa zona salía de Turrialba a las 6 de la mañana y regresaba a las 6 de la tarde.

Luego de rumiar el asunto varias semanas, nos decidimos a ir, debíamos salir de la casa, en Montes de Oca, a las ¡4 de la mañana!, con siete niños porque mis sobrinos Alfonso y Paula Gorini se apuntaron a ir.

En efecto, con un buen abastecimiento de emparedados, confites y galletas salimos puntualmente a la hora indicada. El viaje a Turrialba transcurrió sin mayores problemas y cuando íbamos bajando hacia Turrialba vimos hacia el Oeste la Luna casi llena porque ese día sería la luna llena. Llegamos a la estación y fui a comprar los tiquetes y luego a estacionar el microbús Mazda, el cual quedó en la calle a la mano de Dios. Y se movió el tren, salió justo unos minutos después que lo habíamos abordado. Amanecía y comenzamos a pasar las estaciones de Aquiares, Azul, Las Animas, Rio Jesús María, Guayabo, Torito y llegamos a Peralta. La locomotora que nos llevaba era la 75, y llevábamos dos carros cajón plateados y cuatro carros de pasajeros.

Seguimos el viaje y pasamos por los túneles, Casorla, Pascua, Las Lomas, Florida, y todos disfrutábamos de la incomparable belleza del río Reventazón, en cuyas proximidades se veían innumerables aves.

Vimos el puente del río Reventazón, pero no lo cruzamos en esta oportunidad, sino que nos desviamos a la izquierda y tomamos la “nueva línea vieja” y comenzamos a ver las estaciones de esta vía, como Francia, La Herediana, Pocora, Guácimo, Roxana, finca la Propia, Cayuga, Tarire. En todas ellas el tren se detuvo y en algunas a su vez vimos otros trenes, con carros para transportar banano, principalmente.

Cerca del mediodía, llegamos a un lugar llamado la “y” griega, en donde otra línea continúa a la derecha hacia Finca 3 Ticaban. Nosotros tomamos a la izquierda y al poco rato vimos el majestuoso puente sobre el río Chirripó al cual entramos lentamente y lo fuimos cruzando mientras veíamos ¡la hermosura de aquella corriente de agua! El tren siguió unos minutos más y nos detuvimos en un centro de población pequeño, y nos indicaron que hasta ahí llegaba el viaje. 

Me bajé a comprar unos refrescos porque el calor apretaba. Y volví a subir al tren porque nos habían informado que de inmediato regresaríamos a Turrialba, así que nos bajamos apenas para decir que estuvimos en una finca bananera y nos volvimos a subir para iniciar el regreso. Aprovechamos para comernos los emparedados que llevábamos (los que quedaban, porque ya habíamos dado cuenta de algunos.) Serían como las 12 y 30 del día, cuando salimos, y pasamos de nuevo el magnífico puente, los niños se calmaron un poco con el movimiento del tren que brindaba una brisa refrescante en medio del bochorno en que estábamos.

Llegamos a Turrialba poco antes de las seis de la tarde. Nos bajamos del tren, y fui a buscar el microbús, el cual se hallaba sin problema y pasé a la estación a recogerlos a ellos. 

Comenzamos a subir la carretera hacia San José y en eso apareció en todo su esplendor la luna llena. Vimos la Luna al Oeste en la mañana y al Este en la tarde. Día completo.

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