LA TOLERANCIA

Se dice que el humano es un ser social. Pero no es el único. Por ejemplo todos conocemos las abejas que producen la miel que nos gusta y sabemos de su carácter social, con distribución de labores dentro de su comunidad, que incluyen funciones según sexo, con una reina encargada de procrear los miembros de la colonia. Resulta que hay abejas que son solitarias, por ejemplo el abejorro o chiquisá, es de una subfamilia del grupo de las abejas y no es social. Se cita este detalle, para señalar que en los humanos , también  vamos a encontrar individuos que son diferentes a la mayoría, en su forma de vida, de pensamiento, de gustos o de lo que sea.

Entonces, se sucede un fenómeno que implica, aceptar esas diferencias o vivir en una confrontación permanente con ellos, que puede llegar a extremos peligrosos, con enfrentamientos personales o grupales cuyo resultado final desconocemos. 

Esa aceptación de las creencias ajenas, con respeto, aunque no las compartamos, es lo que se entiende por tolerancia. Pero si consentimos esas creencias, debemos exigir reciprocidad, o sea que se respeten las nuestras.

Es ahí donde está la disonancia, quienes exigen respeto para sus ideas, no siempre están de acuerdo en tolerar las de otros.

Exigen no solo por las vías legales, sino con actos que podrían ser extorsivos, ya que sus puntos de vista, según su criterio, se deben compartir por la totalidad de la población. 

Entonces la tolerancia debe tener  un límite, el cual hay que hacer valer.

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