EL LOCO QUE YO SERÍA

Luego de meditar largas horas, he llegado a la conclusión de que mi locura me ha acompañado casi toda mi vida, por lo que el título correcto sería «la locura que tanto he disfrutado».
Realmente se sale un poco de la idea del título, más, desde los cuatro años descubrí, que la causa de mi enajenación, eran, son y serán los ferrocarriles.
Tenía esa edad, cuando nos pasamos, a vivir en una casa que se situaba a 50 m de la avenida segunda, por donde solía pasar el tren, y ahí nació ese deleite de jugar con mi tren de cuerda y salir en carrera a la acera frente a mi casa, cuando oía el pito sonoro de la locomotora, acercándose a la esquina, para verla pasar junto con los carros que llevaba.
Un par de años después, ante mis ruegos, papá comenzó a llevarme a «ver trenes» los sábados por la tarde al patio del ferrocarril de la Northern, y nos sentábamos en unas escaleras que remataban la acera al costado sur de la Aduana, pasábamos la tarde ahí. Pronto me hice amigo del maquinista que usualmente conducía la locomotora de patio, número 10, al extremo que un día vi salir dicha máquina con tres carros cajón, y para mi sorpresa, se detuvo al frente de donde nos hallábamos y don Federico Loaiza, le dijo a papá -«¿me permite a Rodrigo para que vaya con nosotros a Ambos Mares?» (Sitio en donde se juntaban las líneas del ferrocarril al Pacífico con la Northern a la entrada de Barrio Escalante) Bueno, mi impresión aumentó cuando papá me preguntó – ¿Qué le parece? Un instante de indecisión entre el susto, y el sueño realizado. Dije que sí, con una voz que me pareció que ni llegó a mis labios, y entre ellos me subieron. Bautizado con fuego de caldera de la 10 para toda mi vida.

En mi adolescencia me reunía con un grupo de amigos y amigas, en las cercanías de la Aduana, y para ese entonces, podía reconocer el número de la locomotora por el pito. Un día estábamos al frente de la casa de una amiga, cuyo progenitor era maquinista, en eso él llegó y luego de saludarlo le pregunté -¿don Francisco, usted traía la 57? Sí, ¿Cómo supiste? – Intrigado me cuestionó. Por el pito, que se escuchó claramente desde aquí, le respondí. -! Qué bárbaro! , sorprendido, me contestó.
Varios años después, conocí a la que hoy es mi esposa, y que casualmente su papá era Despachador en el Ferrocarril al Pacífico, y comprenderán que tuve que oír más de una vez: «vos estás jalando con Mimi, sólo para hablar de trenes con tu suegro».
Recién casados, le propuse a ella, que fuéramos a Limón, atendiendo una invitación de un primo, que trabajaba allá. Y le expliqué, que para ir me gustaría que nos fuéramos en el tren llamado Local, que salía de San José a las 5 de la mañana, ya que era el único que usaba el llamado ramal de Zent, que yo no conocía, porque los trenes de pasajeros, ya fuera el regular o el Pachuco, tomaban el ramal de Saborío. Para información del lector, el tren Local estaba compuesto normalmente por una locomotora, un carro cajón, uno ganadero y un coche de pasajeros. Su función era mover carros, de las espuelas o apartaderos donde habían dejado alguno para descargarlo o para cargarlo, y que ya estaban listos para ser llevados a otro sitio. También se detenía en las llamadas estaciones de «bandera» por ganado o algún producto agrícola como un cerdo o un caballo o un saco de frijoles, un tarro de leche entre otros. Su función social era innegable y yo iba como en un sueño aprendiendo todos esos detalles de la labor del ferrocarril. Quiero, para no hacer demasiado larga, esta locura, decirles que mi primo, que era muy conocido en la ciudad de Limón, fue a las 6 de la tarde a averiguar a qué hora llegaba el local. El encargado de la estación le informó que ese tren no tenía hora fija de llegada. Y le preguntó -don Frank – ¿por qué le interesa ese tren? , si se puede saber! – Es que vienen unos primos desde San José- Ah no don Frank, NADIE viene en ese tren desde San José, ni siquiera el personal del tren porque donde se encuentran los dos locales se intercambian el personal y cada uno regresa hacia donde partió!
Concluyo indicando que llegamos a las 8 y 30 pm! Claro que mis hijos y mis nietos han ido en otras aventuras. Para terminar, y que tenga una referencia con el titulo original, mi locura se acabará si logro hacer un viaje alrededor de Estados Unidos, eso sí, luego de recibir un curso de manejo de máquina de vapor también en ese país. ! Entonces puedo morir con una sonrisa de satisfacción de haber cumplido mis locuras!
Nota: esto fue hecho a solicitud de la profesora de un curso que llevé!
