EL EXTRAÑAMIENTO

Raúl, aprovechando la sorpresiva visita de su hija María, que vive en el extranjero, decide llevarla de paseo al volcán Irazú. 

Al pasar, de ida, por el Sanatorio Durán, ella pregunta detalles de ese establecimiento que le llamó la atención por su tamaño y la belleza del ambiente, por lo que hubo una amplia conversación al respecto y le contó a su hija que su padre había estado en ese lugar internado, por largo tiempo, antes de que él naciera, confiándole que si él estaba en este mundo era por el Sanatorio porque :    «Cuando papá ya estaba mejor de la enfermedad le permitían visitar a su familia, un fin de semana al mes, y en una de esas visitas, mi mamá quedó embarazada y aquí estoy contándote la historia». 

De regreso del volcán, ella insistió en que quería conocerlo y entonces entraron. Raúl sintió un especial sentimiento, e informó a María, que era la primera vez que él visitaba ese lugar. Ella, muy impresionada, no dijo nada, caminó con él, y le tomó algunas fotografías en el exterior de los edificios, incluido una en un herrumbrado camión, que estaba cerca de la entrada. Entonces ingresaron a uno de los edificios, Raúl, al ver los mosaicos de los pisos, dejó que los pensamientos lo llevaran y calladamente se preguntó a sí mismo «¿Habrá estado papá en este sitio? ¿Cuántas veces se habrá asomado por esta ventana? ¿Cómo se sentiría mal de pensar en su familia que estaría pasando por unos momentos difíciles? Siguieron caminando, ahora por unos pasillos de piso de madera, María, adivinando el momento que su padre pasaba, guardó un respetuoso silencio. Las paredes, los baños, los dormitorios de las monjas, de los trabajadores, la sala de operaciones, la oficina de odontología, ¿Habrá necesitado,  papá, un tratamiento en sus dientes?  Y, continuó con sus pensamientos: «Nadie, nadie puede darme ya esas respuestas!»  Realmente impresionado, ensimismado en sus sentimientos, sintiéndose algo triste, llegaron a una azotea, del segundo piso de uno de los edificios, y estaba contemplando la vista espléndida  que rodea el lugar, cuando de pronto sopló un viento suave que le acarició la cara y el sentimiento, y pensó: «Gracias Dios, porque este viento fue el que salvó a papá, este aire le combatió su enfermedad y lo mantuvo con vida muchos años más». Volviéndose hacia María le dijo: «Gracias hija por insistir en esta visita y sobre todo por acompañarme». Le dio un fuerte abrazo que le sirvió para esconder unas lágrimas que asomaron a su cara.

Esto fue escrito basado en hechos reales en donde Raúl soy yo, y María es mi hija María Gabriela.

RODRIGO FERNÁNDEZ H

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