6. CIUDADANOS DISTINGUIDOS

MAURO FERNÁNDEZ ACUÑA

LÍNEA FAMILIAR

  • Juan Fernández  Martínez x Cayetana de Acosta y Aguilar
  • Pedro Nicolás Fernández Acosta x Catarina Tenorio Castro
  • José Cipriano Fernández Tenorio x Basilia Ramírez García
  • Aureliano Fernández Ramírez x Mercedes Acuña Dies Dobles
  • Mauro Fernández Acuña 

Aunque nunca fue Presidente de la República, ¿quién puede negar el impacto de este ciudadano en los destinos de Costa Rica? Así que dedicaremos unas palabras a este patricio costarricense, quien además fue el padre de una primera dama como ya citamos. 

 Nació en San José el 19 de diciembre de 1843. Ocupó el puesto de escribiente en la Administración Pública, en el Ministerio de Gobernación en el año de 1859, durante el gobierno de José María Montealegre Fernández. Fue jefe de la Secretaría de Gobernación Fiscal de Hacienda. Se graduó de abogado en 1869, en la Universidad de Santo Tomás. Vivió en Londres donde ejerció su profesión de abogado. En 1871, se le nombra cojuez de la Corte Suprema de Justicia y también Primer Director Suplente de la Junta de la Universidad de Santo Tomás. En 1872, participa trabajando en la reparación de la Catedral de San José. 

El 16 de agosto de 1874 contrae nupcias con Ada Le Capellain, de origen inglés. Fue nombrado por el presidente Tomás Guardia, Magistrado Fiscal de la Corte Superior de Justicia. Ese mismo año, entra a formar parte de la firma comercial Fernández Tristán. En 1882 se hace cargo del contrato con Mr. Mínor C. Keith, de la construcción de la carretera entre La Palma y Carrillo. En 1883 fue nombrado por el presidente Próspero Fernández, Consejero de Estado. Fue catedrático de Derecho Forense y vocal del Colegio de Abogados, así como Abogado y apoderado del Banco Nacional. 

Pero indudablemente el cargo donde más destacó y por el cual se le reconoce es como Ministro de Hacienda y Ministro de Comercio e Instrucción Pública en el Gobierno de Bernardo Soto, porque vio la necesidad de una reforma de las instituciones básicas de la República y planteó una serie de cambios en el sector educativo que contemplaban entre otras cosas, la obligación del Estado de brindar enseñanza primaria gratuita y obligatoria. También fue diputado y Presidente del Congreso. 

En 1902, la Junta de Educación de San José acuerda que su retrato sea colocado en todas las escuelas públicas y en todas las Juntas de Educación. El 16 de Julio de 1905, muere a los 63 años. (Pacheco, 1972)

MÁXIMO FERNÁNDEZ ALVARADO

LÍNEA FAMILIAR

  • Juan Fernández Martínez   x  Cayetana de Acosta  y Aguilar
  • Manuel Felipe Fernández Acosta x María Josefa Umaña Corrales
  • Juan Felipe Fernández Umaña x Benita Alvarado Valverde     #
  • Gregorio Fernández Alvarado x Maria Trinidad Quesada Reyes 
  • José Francisco Fernández Quesada x Juana Alvarado Madrigal
  • Máximo Fernández Alvarado

Aprovechando el árbol genealógico de José Joaquín Trejos, diremos que don Máximo fue tío abuelo suyo, el hermano menor de su abuelo: Ceferino Fernández Alvarado. Nació en Desamparados, el 18 de Noviembre de 1858. Aunque nunca fue Presidente de la República, si fue varias veces candidato a ella y diputado. 

En la presentación del libro «Máximo Fernández», de Orlando Salazar Mora, Oscar Aguilar Bulgarelli expresa: «… es a no dudarlo, una de las figuras de la historia política costarricense más interesantes y a la vez polémica. Creador de un partido, el Republicano, se convirtió en su más importante figura. Por lo tanto una investigación del Partido Republicano y de don Máximo Fernández era una sentida necesidad para comprender no sólo el ambiente político de Costa Rica en las dos primeras décadas del siglo XX, sino también en períodos posteriores.» 

De origen campesino, es el símbolo más auténtico del verdadero político costarricense, que con extraordinaria habilidad, encendido verbo y carisma, penetra en la conciencia popular arraigándose profundamente y convirtiéndose en el primer líder popular costarricense. Su brillante inteligencia y gran habilidad, le permitieron disputar con acierto la mayoría de los puestos de elección popular. Le disputó el poder a la poderosa oligarquía cafetalera de la época, convirtiéndose en el ser más despreciado y temido, pero a la vez en el más admirado por las clases populares. Su oratoria no era adornada con frases estereotipadas, llegaba a lo hondo del sentimiento popular sin necesidad de caer en la demagogia y la charlatanería irresponsable de algunos de nuestros políticos contemporáneos.

 Rogelio Fernández Güell, refiriéndose, a don Máximo, el día de la aceptación de su primera candidatura, en una reunión realizada en la oficina de los licenciados Coto Fernández cercana a la Catedral, dijo: “Finalmente, habló don Máximo con la fluidez de expresión de un alma templada en el fuego del patriotismo y dijo: “Señores, yo bien sé que lo que venís a ofrecerme no es una corona de laureles ni una senda de flores, sino una corona de espinas y el camino del destierro. Yo acepto ambas cosas por amor a Costa Rica y por apego a las doctrinas republicanas y con gusto compartiré el honor que nos corresponda en la jornada”. ¡Nobles palabras, cual muy pocas veces ha salido de labios de un patricio!”

Como agricultor y ganadero fue uno de los más progresistas; trató siempre de tener los mejores hatos, los corrales más modernos y puso en práctica nuevas técnicas que conoció en el extranjero. Sus fincas de café y ganado lechero fueron modelo en su época; destacaron una en Itiquís de Alajuela, otras en La Carpintera llamadas “El Avance” y “La Granadilla” y “La Bijagua” en Curridabat que él mismo hizo. De esta finca escribió don Gonzalo Chacón Trejos: “De sus haciendas fue especialmente famosa La Bijagua por la calidad y cantidad de las cosechas de café, los magníficos ejemplares de ganado vacuno y por la belleza exuberante de setos y jardines. Fue en La Bijagua donde plantó los primeros bosques que hubo en Costa Rica del útil, bello y productivo árbol llamado aliso (Alnus jurullensis) que aquí llamamos jaúl. Cuando contemplamos los lindos bosques de jaúles… nos viene a la mente el nombre de quién importó, sembró y propagó los primeros ejemplares de jaúles testigos perennes del espíritu civilizador y progresista de don Máximo Fernández”. En abril de 1913, fue entrevistado en su casa de habitación –el lujoso Castillo Azul- por un periodista del diario “El Comercio” de la ciudad de Managua, quién luego escribió que el Castillo Azul era un palacio, un verdadero palacio en figura de castillo, con sus torres, alamedas y miradores dominando completamente San José. “No parece de capitalista la oficina de este hombre –anotó el periodista- sino más bien de un erudito, de un literario” Nos describe al Lic. Fernández como un hombre bajo, de excelente musculatura, de discreta palabra, que no tiene la malicia concerniente al político de escuela florentina, ni aquella afectada cortesía del que quiere hacerse pasar por “de mucho mundo”. Aún retirado de la vida política la prensa publicaba artículos el 18 de noviembre para recordar su cumpleaños. En 1925 “La Nueva Prensa” publicó lo siguiente: “67 años cumplirá mañana el viejo caudillo del histórico Partido Republicano, una de las más prestigiosas figuras de la política de Costa Rica en el último medio siglo y quién se encuentra retirado de todo movimiento en que inmiscuyan su nombre, el cual se conserva como símbolo de aquél Partido Republicano. La falange que acuerpó su nombre… puede considerarse como la más formidable de cuantas han existido en el país, y solamente por la imposición de los gobiernos, el Licenciado no ocupó la Primera Magistratura de la República… Su disciplinado partido, fue el control de los gobiernos que combatía, cuando el poder estuvo en manos de don Rafael, don Ascensión y don Cleto”. Don Máximo vivió sus últimos años en Montes de Oca en donde formó un primoroso bosquecillo, de más de cincuenta árboles que había traído pequeños de la madre selva. Lamentablemente hoy no existe ninguno. Murió en Montes de Oca, el 10 de febrero de 1933. (Salazar, 1975)

ALBERTO ECHANDI MONTERO

LÍNEA FAMILIAR

  • Juan Fernández Martínez x Cayetana de Acosta y Aguilar
  • Manuel Felipe Fernández Acosta x María Josefa Umaña Corrales
  • Juan Felipe Fernández Umaña x Benita Alvarado Valverde    #
  • Narcisa Fernández Alvarado x Luis Aguilar Rodríguez
  • Silvestra Aguilar Fernández x Pedro Montero Sáenz
  • Ana Montero Aguilar x Laureano Echandi Morales
  • Alberto Echandi Montero

Don Alberto nació en San José el 18 de febrero de 1870. Hizo su educación primaria y secundaria en San José y se egresó de la Escuela de Derecho de la Universidad de Santo Tomás. Fue un notable abogado, esforzado agricultor, empresario, comerciante, y hombre público de amplísimo prestigio. Casó con Josefa Jiménez Rucavado.

En el transcurso de su vida ocupó varios puestos de los cuales se destacan: Presidente de la Junta de Caridad de San José, Presidente de la Junta Directiva del Colegio de Abogados, ministro de Fomento en la administración de Alfredo González Flores, Secretario de Estado en la Cartera de Hacienda y Comercio en la administración de Julio Acosta García, ministro de Relaciones Exteriores en la administración de Rafael Angel Calderón Guardia. Fue uno de los fundadores de la Academia Costarricense de la Lengua, y en el ocaso de su vida se desempeñó como Presidente de la Junta Directiva del hoy extinto Banco Anglo Costarricense.

Mención muy especial merece su labor diplomática, ya que fue de gran trascendencia para la paz de Centroamérica: en 1920 don Alberto fue encargado de restablecer las relaciones con el resto de Centroamérica, que se encontraban deterioradas, a causa del período de mando de los Tinoco. Así realizó un viaje por el istmo y pudo constatar que Nicaragua y Honduras se hallaban en virtual pie de guerra y que mantenían ejércitos en sus respectivas fronteras. Inmediatamente comenzó a trabajar y logró que ambos presidentes accedieran a tener una reunión personal. La conferencia tuvo lugar en Amapala, ciudad y puerto de Honduras en el Golfo de Fonseca, el 15 de noviembre de 1920 y en ella, Emiliano Chamorro por Nicaragua y Rafael López por Honduras, en presencia del presidente electo de Nicaragua en ese momento, Diego Manuel Chamorro, arreglaron sus diferencias y acordaron desmovilizar los ejércitos (4.000 hombres Honduras y 3.000 hombres Nicaragua) y aprobaron un voto de agradecimiento a Costa Rica, y muy especialmente al señor Echandi por su magnífica labor pacificadora. (Castegnaro, 1979). 

Sin embargo, este no fue el fin de la carrera de don Alberto, es como Secretario de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores durante la administración Calderón Guardia, donde su nombre es más recordado, pues él sería uno de los artífices del “pacto de cirujanos” como se le llamó a la negociación que los doctores Arias Madrid, de Panamá y Calderón Guardia de Costa Rica realizaron para determinar los límites de la frontera común. Este acuerdo fue firmado por los Ministros de Relaciones Exteriores el 1 de mayo de 1941 y ha pasado a la historia con el nombre de Echandi Montero-Fernández Jaen por el nombre de los que firmaron Alberto Echandi Montero y Ezequiel Fernández Jaén.

Desde otro punto de vista en su vida, cuando se realizaron las elecciones para elegir al sucesor de Julio Acosta, tres partidos favoritos fueron a elecciones: el Republicano con el Expresidente Ricardo Jiménez como candidato, el Agrícola con Alberto Echandi y el Reformista con el general Jorge Volio.  Las elecciones se llevaron a cabo y como era costumbre ninguno de los candidatos alcanzó el 50% de los votos necesarios. Sin embargo hubo una situación especial: el partido Agrícola sacó mayoría parlamentaria, lo que le hubiera asegurado a Echandi la Presidencia, pero las credenciales de dos de sus diputados (que le daban la mayoría) por Heredia y Alajuela fueron atacadas y finalmente eliminadas y la elección fue burlada. Fue entonces cuando le sugirieron la defensa por las armas de su victoria algo que el Patricio no aceptó, prefiriendo en cambio retirarse de la contienda señalando que para él la Primera Magistratura no vale una gota de sangre derramada de un costarricense. (Naranjo, 2002). Tal vez, en el campo de la prevención y curación de las enfermedades de las personas de menores recursos económicos es donde encontramos a don Alberto Echandi en sus más fecundas actividades comparables solamente a las que dio a la patria en el servicio público, en puestos de los gobiernos que contaron con  su colaboración.  Su propósito primordial fue el de proporcionar al Hospital San Juan de Dios, las condiciones necesarias para que dicha institución suministrara todos los servicios que fueran posibles. Se enfocó especialmente en cuanto a las comodidades del edificio y al suministro de equipos de enfermería y cirugía. La pensión Echandi lleva su nombre en agradecimiento a su empeño en brindar un servicio de calidad. Don Alberto murió en San José el 28 de setiembre de 1944 y al día siguiente fue declarado Benemérito de la Patria. (La Nación, 1985)

 

ROGELIO FERNÁNDEZ GÜELL

LÍNEA FAMILIAR

  • Juan Fernández  Martínez  x  Cayetana de Acosta y Aguilar
  • Pedro Nicolás Fernández Acosta x Catarina Tenorio Castro
  • Félix Fernández Tenorio x Petronila Chacón Aguilar
  • Manuel Fernández Chacón x  Dolores Oreamuno  y Muñoz
  • Federico Fernández Oreamuno x Carmen Güell Pérez
  • Rogelio Juan Fernández Güell

Nació en San José el 4 de mayo de 1883, y fue bautizado el 10 de junio siguiente en la iglesia del Carmen, con el nombre de Rogelio Juan.  En Febrero de 1890 ingresó a la escuela pública, la Anexa Primaria del Liceo de Costa Rica. Después pasó a las aulas del Liceo de Costa Rica. Cuando su director Carlos Gagini dejó su puesto, no aceptó las imposiciones disciplinarias de su sucesor Zacarías Salinas, chileno, y en señal de protesta se retiró del Liceo. El adolescente se encerró entonces en la selecta y nutrida biblioteca de su padre, donde pasaba las horas del día dedicado a su pasión favorita: los libros. Sus autores favoritos en ese tiempo fueron Víctor Hugo, Lamartine, Chateaubriand y el historiador Thiers. Estudió también los clásicos y El Quijote se convirtió en su Biblia. Inspirado en estos autores, y nutriéndose de ellos, el joven salió un día de su casa para dedicarse a su vocación de periodista

En 1901, dos días antes del retiro político de don Bernardo Soto, habían aparecido en el diario “El Tiempo”, cuatro artículos que bajo el título de “Los Quijotes de mi tierra”, firmaba Sansón Carrasco. Los escritos, irónicos, cargados de malicia ridiculizaban a varios personajes políticos de la época, bajo la caricatura de héroes cervantinos. El Gobierno, invocando la Ley de Imprenta, manda a procesar al director del periódico, al dueño de la imprenta y al periodista que resultó ser el joven Rogelio Fernández Güell. El adolescente (17 años) periodista comentó en “El Tiempo” lo siguiente: “Los Quijotes nos van a prensar con esa prensa que se llama Ley de Imprenta, ¿Y todo por qué? Porque yo, Sansón Carrasco escribí en malhadada hora unos tales Quijotes que han puesto a rabiar a media humanidad quijotesca” El juez condenó a veinte días de arresto a los tres señores, haciendo caso omiso de la defensa, que entre otras cosas alegó como atenuante la edad del joven Fernández. Los enjuiciados fueron a la cárcel, y por más de tres semanas se interrumpió la publicación del periódico. Por dos años participa activamente desde su puesto de periodista, polemizando con los del “Olimpo” o sus seguidores, y a favor del Partido Republicano. Pero al final, las elecciones de segundo grado ungen al candidato Esquivel como próximo Presidente de la República. 

En octubre de 1902, el joven Fernández se despide de su oficio de periodista para dedicarse a sus estudios. Se embarca para España con su primo hermano Tomás Soley Güell, con el propósito de dedicarse a estudios literarios y científicos. De esos años data la más copiosa de su producción poética. Conoce a Benito Pérez Galdós y en cenáculos y cafetines conoce a otros grandes escritores y poetas hispanoamericanos, como José Santos Chocano, Francisco Villaespesa y Jacinto Benavente entre otros. En 1905 conoce a Rubén Darío, príncipe de las Letras Castellanas de su encuentro dice: “Conversamos de Costa Rica, de su gobierno, de sus instituciones, de la índole pacífica y laboriosa del pueblo, de Aquileo Echeverría y de Jorge Castro Fernández, su mejor amigo, cuyos huesos acaban de ser trasladados a San José. Recordó luego su discurso en Alajuela al pie del monumento del Erizo y me preguntó por sus viejos y no olvidados amigos. Pude admirar la serenidad de su mente, la exactitud de sus juicios y la claridad de su memoria. No recitó un solo verso en toda la velada. Me pareció grave y discreto…”. 

Pero en España sucede otro hecho que será determinante en su vida. Al llegar a Barcelona por primera vez a la casa paterna de los Soley, conoce a una prima política suya, Rosa Serratacó Soley, con quién se casa el 15 de setiembre de 1906. Debido a la fuerte oposición a dicha unión por parte de la familia, deja su querida Cataluña y se embarca para México con su esposa a fines del mismo año. Al llegar a México conoce al Ministro de Relaciones Exteriores, Lic. Ignacio Mariscal con quien pronto lo une una sincera amistad que nace al calor de la coincidencia en sus ideas filosóficas. El funcionario del gobierno mexicano, brinda su apoyo al joven literato colocándolo primero en el Observatorio Astronómico de México y tiempo después, el 5 de noviembre de 1907, lo nombra Cónsul de ese país en Baltimore, Maryland, Estados Unidos. En esa ciudad nace en 1908 su primer hijo, Juan Rogelio. Sirve el cargo por más de tres años pero una ley nueva le exige adoptar la nacionalidad para poder desempeñarlo, por lo que regresa a México en abril de 1911, a tiempo para asistir al desenlace de la revolución mexicana. Nace una nueva amistad con otro miembro de la sociedad espiritual a que ambos pertenecen: don Francisco Madero. La revolución de Madero triunfa, pero el patriota no toma el poder, a pesar de que es el dueño indiscutible de la situación. Espera que las elecciones lo hagan presidente, a pesar de que no ignora la oposición que encontrará entre tantos intereses creados. Fernández Güell como un soldado de la pluma, lo ayudará en sus afanes. El historiador mexicano Blanco Moheno, considera los artículos que escribió Rogelio en esa época, a favor de la causa maderista, como pequeñas obras maestras dentro del género de literatura política. En 1911 nace su segundo hijo a quien llama como su padre: Federico. El presidente Madero, nombra a don Rogelio, jefe del Departamento de Publicaciones del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología de la ciudad de México y tiempo después Director de la Biblioteca Nacional de México. Su paso por este puesto siempre lo recordará como un blasón de orgullo. Ha sido el primer extranjero en ocupar ese puesto y posiblemente el último. En 1913 la situación en México se hace insostenible y tras el asesinato de Francisco Madero, y profundamente conmovido por el trágico fin de su amigo, regresa a Costa Rica con su esposa y dos hijos. Deja en México, además de su selecta biblioteca, un poema en tres cantos “María” y algunas composiciones poéticas. 

Rogelio Fernández Güell fue un intelectual, perteneció a una de las grandes familias del país, pero estuvo en contra de la clase alta, la oligarquía, los intelectuales, y los “dioses del Olimpo”. Su personalidad, su talento, su futuro político se pudieron haber acomodado mejor entre las filas de las grandes personalidades políticas de la época como don Ricardo, don Cleto, el Dr. Durán y otros liberales, pero más bien los adversó. 

Por diez años se ausenta del país y cuando regresa vuelve a las filas de su partido. Apoya a su pariente Máximo Fernández en las elecciones de 1914. El resultado favoreció a don Máximo con un 42% de las votaciones, pero no alcanza la mayoría absoluta necesaria.

La historia de esta campaña política y su culminación con el nombramiento del Presidente de la República, es una de las más interesantes de nuestra vida pública del siglo XX. De la fecha de las elecciones el 7 de diciembre de 1913 hasta el día de la toma de posesión el 8 de mayo de 1914, se sucedieron una serie de maniobras políticas que mantuvieron a la población en constante zozobra y tensión. Finalmente se designó a Alfredo González Flores como presidente sin haber recibido un solo voto en las elecciones. 

En 1916, Rogelio, viaja a España donde nace su tercer hijo: Luis.  El 28 de marzo de 1917, regresa al país con su familia. Hacía dos meses había caído el gobierno de González Flores y su amigo Federico Tinoco ejerce el poder militarmente. Fue llamado a formar parte de la Asamblea Constituyente, en la cual sobresale en la defensa del voto directo y en apoyo a la religión Católica como la del Estado. Ganó la segunda pero perdió en la primera porque el Colegio Electoral fue aprobado, por lo que se retiró de la Asamblea Constituyente.

En 1918 hay un proceso revolucionario en contra del gobierno, en el que participan entre otros Alfredo Volio, su hermano Jorge y un puñado de amigos. Rogelio había participado en varias reuniones. El 22 de febrero se inicia su revolución con la toma del tren que va para Puntarenas, la idea es tomar la ciudad. Al llegar a Río Grande ocupan el telégrafo, porque el factor sorpresa es vital para el plan. Siguen hacia Puntarenas, sin sospechar que el Agente del Ferrocarril tenía otro telégrafo y con él puso en alerta al gobierno. En el Pozón se encuentran con el tren que desde el puerto había enviado el gobierno para enfrentar a los revolucionarios. Luego de un intercambio de balas, en el que muere Juan Bautista Quesada; Comandante de la Policía de San José, que regresaba de su visita a Puntarenas; los gobiernistas huyen, y Fernández con los suyos regresan a Orotina y se separan, ya que había fracasado el plan inicial de tomar Puntarenas por sorpresa. Rogelio y once compañeros llegan a Puriscal, donde descansan por unos días, hasta que se enteran de que los revolucionarios van hacia Panamá con el fin de reorganizarse. El marcha hacia allá, pasando por Copey, Ojo de Agua, San Isidro, Volcán y Buenos Aires. Ahí estaba Patrocinio Araya, fiel amigo y hombre de confianza de los gobernantes. Avisados de la presencia de Fernández y compañeros, les preparan una emboscada, y Fernández es herido en una rodilla, Araya le dispara en la garganta y luego le dispara cuatro veces más. Le corta un mechón de su cabello. Era el viernes 15 de marzo de 1918. Rogelio Fernández Güell y sus compañeros fueron sepultados en el humilde campo santo de Buenos Aires y aquellos versos que escribiera el poeta en Barcelona, en 1904, cobraron una dolorosa vigencia:

Cuando pague tributo a la Natura          

Y mi espíritu vuelva a su morada            

Si tu existes aún, mi dulce amada,           

Dame al pie de algún árbol sepultura.

En marmóreo sepulcro no me entierres,

que es lujo y necedad la humana pompa;

Aunque en caja de sándalo me encierres

no podrás impedir que me corrompa

Dame al pie de un árbol sepultura

Do pudriéndome al borde de un camino

Calme el hambre y la sed del peregrino

 Y le brinde frescor mi verdura.

Por iniciativa de la Municipalidad de San José, en los últimos días de 1919, la Avenida Central fue bautizada con el nombre de Rogelio Fernández Güell y la Calle Central, con el de Alfredo Volio Jiménez. Lamentablemente, hoy nadie llama por esos nombres ilustres a las dos principales vías de la capital. Cinco años después del asesinato, los restos fueron trasladados al Cementerio General, por iniciativa de maestros y obreros, y desde entonces yacen ahí los héroes, junto con los restos de Marcelino García Flamenco, el honrado maestro de Buenos Aires, que denunció el crimen. (Oconitrillo, 1981)

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