LA HUELLLA DEL APELLIDO FERNÁNDEZ EN LA POLÍTICA DE COSTA RICA EN LOS SIGLOS XIX Y XX

AGRADECIMIENTO

Es mi deber, agradecer a dos parientes que tuvieron la paciencia de revisar el presente trabajo, mejorándolo de manera sustancial. Ellas son, en orden alfabético, mi sobrina María del Pilar Fernández Díaz, y mi prima Ana Isabel Herrera Sotillo. A ambas mi profundo agradecimiento.

Al personal del Archivo Histórico Arquidiocesano Monseñor Bernardo Augusto Thiel, por su decidido apoyo para lograr el presente trabajo. Gracias por su esfuerzo.

Pero también quiero agradecer a mis hijos, yernos y nueras que también colaboraron con el primer borrador.

Muy agradecido con todos.

RODRIGO FERNÁNDEZ HERRERA

2008

PREÁMBULO

Me encontraba en Pamplona, España, visitando a mi hijo y a mi hija política, ambos estudiaban una maestría en la Universidad de Navarra. Una tarde sentado en la sala de su apartamento, noté un libro de tapas celestes que llamó mi atención, al tomarlo en mis manos, mi hijo me hizo la observación “no encontré el nombre de ningún pariente”, (no tenía por qué saberlo), se trataba de “La Dinastía de los Conquistadores”, de Samuel Stone, y mi hijo lo había sacado de la biblioteca de la Universidad, para un trabajo que debía presentar. Aunque sabía de su existencia, realmente nunca había tenido la oportunidad de leerlo, así que en los ratos libres comencé a hojearlo y me fui entusiasmando, sobre todo en lo que se refiere a la descripción de los árboles genealógicos que contiene y me di cuenta de la presencia de mi apellido en tanto presidente o esposa de presidente, lo que me motivó, a mi regreso, a buscar dicho libro en una compraventa y así poder estudiar con detenimiento sus causas. La consulta de otras fuentes como el Archivo Histórico Arquidiocesano Monseñor Bernardo Augusto Thiel y el citado libro, me llevaron a escribir estas líneas que dejo a disposición de quien tenga oportunidad e interés en usarlas.

El interés fundamental del relato, es por el efecto que tuvo en nuestra patria que una persona se decidiera a venir a vivir a Costa Rica y cómo su descendencia influyó para bien o para mal en los destinos de nuestro país.

INTRODUCCIÓN

 La Dinastía de los Conquistadores presenta, entre otras cosas, un estudio de la descendencia de don Juan Vázquez de Coronado y de don Antonio Acosta y Arévalo, quienes fueron de los primeros conquistadores, que se asentaron en Costa Rica. Según don Samuel Stone (1976), “Durante los siglos XVI y XVII, la Corona Española, tanto los Habsburgos como los Borbones, sentó en América un precedente que edificó las bases de la distribución del poder en los territorios iberoamericanos. Concedió el acceso a los puestos políticos exclusivamente a los conquistadores y a los miembros de la hidalguía, entregando así el control de las colonias a pequeños grupos homogéneos.”

“El grupo conquistador que fundó la ciudad de Cartago en 1564 y se estableció en los alrededores del Valle del Guarco, comprendía principalmente a jóvenes peninsulares, criollos (algunos pertenecientes a la nueva nobleza guatemalteca), algunos nobles nicaragüenses y algunos indios.”  La mayoría de los españoles que llegaron al inicio de la Colonia, procedían del sur de España principalmente de Andalucía y Castilla. Numéricamente hablando, la población se mantuvo estacionaria hasta la independencia, dada la gran pobreza de la Colonia. Los primeros conquistadores e hidalgos formaron el cabildo y por lo tanto obtuvieron desde el principio el control de todo el territorio. A medida que se fundaban otras ciudades, este pequeño núcleo de hombres extendía su hegemonía, nombrando a los suyos en los distintos puestos de mando, y así el grupo fue transformándose en una élite que transmitía su poder de padre a hijo o yerno.

Continúa Samuel Stone “…Dado el aislamiento de la provincia, las autoridades de Guatemala – de las cuales dependía políticamente Costa Rica- difícilmente podían controlar sus actuaciones. Esta autonomía explica parcialmente la manera en que Costa Rica adquirió paulatinamente una experiencia propia en la gestión de su gobierno, llegando a disfrutar de una madurez política que no pudieron alcanzar los demás países del istmo. Pareciera haber sido el factor principal que le permitió, después de la Independencia, gobernarse a sí misma más eficazmente que sus vecinos. El poder de la élite no se limitaba al gobierno de la provincia, puesto que disfrutaba además de una importante preponderancia económica. Los conquistadores que organizaron expediciones al Continente generalmente las financiaban por cuenta propia. Algunos de los hidalgos que se establecieron en el territorio poseían fortunas considerables o, al menos los medios económicos suficientes para ejercer una actividad creadora, en relación con el resto de la población. Puede mencionarse el ejemplo de Antonio de Acosta Arévalo quien se estableció en Costa Rica en 1659, y quien poseía cacaotales con aproximadamente 15.200 arboles que producían un ingreso anual de unos 6.450 pesos. Tenía además una flota formada por varios veleros que hacían el cabotaje entre Costa Rica y Panamá. Pareciera haber sido uno de los colonizadores más acaudalados de la época.”

LA HUELLA DEL APELLIDO FERNÁNDEZ EN LA POLÍTICA DE COSTA RICA

Como fueron dieciséis los Jefes de Estado y Presidentes de Costa Rica, once Primeras Damas (a las cuales he querido incorporar por el proverbio “detrás de todo hombre de éxito hay una gran mujer”) que llevaron la sangre de don Juan Fernández Martínez, es difícil seguir un orden exacto. Por eso iniciaré con un Gobernador, después los Jefes de Estado de Costa Rica, luego los Presidentes, las Primeras Damas y de último (no por últimos menos importantes), cuatro hombres que se destacaron en la política de Costa Rica sin llegar a ser Presidentes. El listado no incluye otras posiciones políticas por razones de espacio.

EPÍLOGO

Un hombre nos legó una descendencia de la cual surgieron 1 Gobernador, 14 Jefes de Estado o Presidentes de la República, 2 Designados o Vicepresidentes, 11 Primeras Damas o mujeres muy influyentes y 4 hombres de trayectoria. 32 personas en total, todos ellos y todas ellas, han pasado a la Historia de Costa Rica, por su esfuerzo en lograr un país mejor, en el tiempo que les correspondió estar en el poder o cerca de él. Algunos lo lograron, otro no tanto, pero lo intentaron.

Gracias a Juan Fernández Martínez, que un día decidió vivir en Costa Rica

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