FINCA LAS DRIADAS

En este álbum, se encuentra una parte de la historia de mi vida, quizá la más importante después de mi familia. 

Todo se inició en 1973, cuando yo tenía 29 años y tres hijos. En enero de ese año nacieron mis hijas gemelas. Ya tenía yo cinco años de haber terminado mi carrera en Agronomía y sentía la presión de tres factores que citaré pero cuya importancia eran equivalentes :

 1- que si no me apuraba no iba a poder tener ninguna propiedad para cultivar, y poder justificar mi amor por la tierra, 

2- un sentimiento de angustia, porque yo quería darle a papá un lugar adonde él se sintiera a sus anchas haciendo y deshaciendo lo que le encantaba: sembrar y cuidar plantas , ¡pero ya el tiempo se hacía apremiante! y 

3-quería darle a mis hijos la posibilidad de disfrutar del campo con todo lo que eso significa. 

Con mi tío Edwin viajando a Tarrazú adonde había montado un bufete y luego Jorge mi hermano con una clínica dental, comencé a visitar la zona, y me gustó. Indagué por varias propiedades, con un único capital de cinco mil colones (poco menos que $600 dólares), que me habían sobrado del préstamo que hice para prepararme para el nacimiento de mis hijas.  

Fue así como llegué hasta la casa de don Romualdo Blanco, hombre de 91 años que estaba tendido en su cama por problemas de salud. Luego de un intercambio de ofertas en donde me dijo tajantemente que el precio eran treinta y cinco mil colones pero que podía darme facilidades de pago firmando un pagaré por año por cinco mil colones con intereses de mora únicamente. Y así me lancé a una aventura que tendría una duración de 44 años. Lamentablemente no tengo fotografías de cómo era  ese terreno de 10 manzanas (aproximadamente 6.5 hectáreas. Pero afortunadamente puedo mostrar lo qué, con la ayuda de Dios, ahorrando  y sacrificando, posiblemente, el presupuesto familiar pude entregarle al siguiente propietario, lo que se aprecia  en este álbum. 

El nombre Las Dríadas lo tomé de la mitología griega, que eran las ninfas que habitaban en cada árbol. Conforme los que planté, iban creciendo, ¡maravillado!, se me ocurría algo parecido.

Deja un comentario